El resurgimiento de la poesía tradicional: villancicos, canciones, romances, letrillas y otras composiciones de tipo tradicional.
Los Poetas cultos del siglo XVII recurrieron de forma constante a la poesía popular anónima de la tradición castellana. Especialmente, el romance, la letrilla, y la jácara o canción.
Los romances son poemas característicos de la tradición oral que se popularizaron en el siglo XV y que se recopilan en el Siglo de Oro. Son poemas narrativos de una gran variedad temática. Los hay caballerescos, moriscos, de cautivos, mitológicos, burlescos, amorosos y líricos de diversos asuntos. Tira de versos octosílabos con rima asonante en los pares.
Amarrado al duro banco / de una galera turquesca, / ambas manos en el remo / y ambos ojos en la tierra, / un forzado de Dragut / en la playa de Marbella / se quejaba al ronco son / del remo y de la cadena: / «Oh sagrado mar de España, / famosa playa serena, / teatro donde se han hecho / cien mil navales tragedias: [...]
Lope de Vega
El villancico es un poema popular tradicional compuesto generalmente por versos octosílabos o versos hexasílabos, distribuidos según el siguiente esquema:
- a) estribillo de dos o cuatro versos, que anuncia el tema
- b) mudanza, constituida por una estrofa (o varias), que frecuentemente es una redondilla;
- c) vuelta o enlace: un verso de enlace y uno o dos versos que repiten total o parcialmente el estribillo.
El villancico hunde sus raíces en la cantiga de estribillo o cantiga de refram galaicoportuguesa, paralela a la danza provenzal o el virelai o chanson balladée francesa, que a su vez han podido desarrollarse a partir del zéjel.
Durante la Edad Media fue la composición tradicional más arraigada entre el pueblo —de ahí su nombre (de villano)— y en los Cancioneros del siglo XV aparece ya como género definido. En su época de mayor popularidad se empleará en temas devotos, sobre todo en la Navidad, pero también en temas amorosos con tintes pastoriles y bucólicos. Su esplendor lo alcanzará durante los siglos XVI y XVII, si bien se ha mantenido hasta nuestros días, como demuestra el citado ejemplo de Juan Ramón Jiménez.
Una variante del villancico es la letrilla. La letrilla es una composición breve, dividida en estrofas simétricas al final de las cuales se repite un mismo pensamiento en uno o más versos denominados estribillos. Se desarrolla a partir del siglo XVI.
Se trata de un poema satírico y burlesco de tono ligero por lo general, aunque también las hay de tema religioso y lírico. Formalmente se le relaciona con el villancico o con el romance. Sus estrofas pueden ser redondillas o quintillas dobles. La rima puede ser consonante o asonante, con versos octosílabos o hexasílabos.
Góngora escribió letrillas basadas en la lírica popular e inspirada en algún refrán burlesco. Las letrillas satíricas más conocidas son las de Quevedo, asimiladas por el pueblo gracias a su tono popular.
Madre, yo al oro me humillo, / él es mi amante y mi amado, / pues de puro enamorado / anda continuo amarillo. / Que pues doblón o sencillo / hace todo cuanto quiero, / poderoso caballero / es don Dinero.
Nace en las Indias honrado, / Donde el mundo le acompaña; / Viene a morir en España, / Y es en Génova enterrado. / Y pues quien le trae al lado / Es hermoso, aunque sea fiero, / Poderoso caballero / es don Dinero.
FRANCISCO DE QUEVEDO
La jácara es uno de los géneros satíricos que se representan en el entreacto de las comedias del Siglo de Oro español. Los personajes solían ser delincuentes, pícaros, chulos, guapos o gente del mundo del hampa. Destaca el agudo humor y el dominio de la jerga de los bajos fondos. También era propio un tono especial al cantar "jácara o jacarilla". Muchos cultivaron el género pero destacan Quevedo y Calderón de la Barca sobre los demás.
Antes de ser representada, la jácara ya existía como composición poética en romance. La jácara provenía de la canción provenzal que llegó a España en el Renacimiento a través de la literatura italiana. Compuesta por un número variable de estrofas (estanzas) que combinaban versos con rima consonante de siete y once sílabas.
Ya está guardado en la trena / tu querido Escarramán, / que unos alfileres vivos / me prendieron sin pensar.
"Carta de Escarramán a la Méndez", de Quevedo