Saltar al contenido
Aula27

Literatura del siglo XX

Ana María Matute · Luciérnagas

«Medicina UB»no aparece en esta página

Luciérnagas: publicación, censura y planteamiento de la novela

revisado contra el originalVer el original

Literatura Castellana

Luciérnagas

Luciérnagas, de Ana María Matute, es la segunda novela de la autora. La escribe en el año 1949, sin embargo, no la publica hasta el año 1955, lo hace de forma recortada a causa de la censura franquista y bajo el título "En esta tierra".

Finalmente, la novela logra ver la luz bajo el cuidado de la propia autora, que se encarga de recomponer o modificar lo censurado y con el nombre que conocemos actualmente en 1993 en la editorial Destino.

Con esta obra, la autora resulta finalista del Premio Nadal de novela y del premio de la Crítica de la Asociación Española de Críticos Literarios, ambos en el año 1949.

La novela, estructurada en tres partes, tiene como protagonistas a adolescentes cuyas vidas son profundamente transformadas por la guerra civil española en la ciudad de Barcelona entre los años 1936 y 1939. A pesar de que sobre Matute recae la condena y expurgación franquista, al leer la novela completa, es llamativo que la obra no se muestre partidaria ni promueva como culpable de las desgracias acontecidas a ninguno de los bandos.

Realismo social, estilo y la autora Ana María Matute

revisado contra el originalVer el original

El realismo social al que anscribe la novela refleja la crudeza de la vida en la época y se solidariza con los que sufren las consecuencias del conflicto bélico en sus vidas cotidianas sin participar en él.

La prosa de Matute está cargada de lirismo y profusa en figuras retóricas como la comparación, la metáfora, la metonimia, la sinestesia y la personificación, entre otras.

La narración de los acontecimientos en la novela es lineal, aunque en algunos casos y a través de la técnica narrativa del contrapunto, se detiene en la vida de algunos personajes para profundizar en ciertos hechos del pasado.

El tono es pesimista aunque, hacia el final y desde la simbología del título, puede verse una pequeña esperanza.

Ana María Matute

Pertenece a la generación llamada de "los niños de guerra" (ella la clasifica de "niños asombrados"). Sorprende la precocidad de la autora a la hora de escribir y publicar. A los 17 años escribió "Pequeño Teatro" que publicaría años más tarde en el 1954.

El realismo de Ana María Matute

revisado contra el originalVer el original

Realismo

En aquellos años, la literatura de Ana María Matute iba por libre en el panorama literario español. Sorprende su capacidad fabuladora, inusual entonces, aunque la materia prima de sus narraciones es una realidad que intenta abordar.

Contenidos PAU: el tremendismo en Luciérnagas

revisado contra el originalVer el original

CONTENIDOS PAU SOBRE LUCIÉRNAGAS

Las respectivas familias de los protagonistas: semejanzas y diferencias, su significado social.

El tremendismo en Luciérnagas.

El tremendismo es una técnica literaria narrativa que se desarrolló, fundamentalmente, en la novela española de los años 1940. Se caracteriza por una especial crudeza en la presentación de la trama (recurrencia a situaciones violentas), el tratamiento de los personajes (habitualmente, seres propios de la marginalidad de la época: criminales, personajes con patologías físicas o mentales, habitantes del hampa…). En el lenguaje, se manifiesta en el uso de un léxico desgarrado y duro, aséptico.

La relación entre esta tendencia y el contexto social de la inmediata posguerra es clara, pues parece responder a las complicadas experiencias vividas por los autores durante la guerra, contienda que habría condicionado su manera de ver y presentar la realidad en el mundo artístico.

El término tremendismo fue definido como "realismo que acentuaba las tintas negras, la violencia y el crimen truculento, episodios crudos y a veces repulsivos, zonas sombrías de la existencia". El tremendismo es el resultado de la aplicación de la técnica realista en la novela para reflejar las inquietudes, los sufrimientos, las frustraciones y la angustia de; es decir, el lado mal período posterior a la Guerra civil en su aspecto materialista, en la época en que la censura impedía cualquier crítica a la situación de España.

La novela más paradigmática de la moda tremendista fue La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela (1942) y Los santos inocentes, de Miguel Delibes (1981). Luciérnagas de Ana María Matute contiene fragmentos tremendistas, pero que no dominan el tono de la novela.

Las características del tremendismo son:

  • Reflejo de lo más sórdido y crudo de la vida, con tono descriptivo más que crítico.
  • Se detiene en los aspectos antiestéticos y escatológicos del cuerpo humano (malformaciones, falta de higiene, suciedad…).
  • Incorporación de la lengua de la calle, del hampa, de los suburbios o del mundo rural.
  • Sencillez en el desarrollo del relato, prescindiendo de escenas simultáneas, de largas descripciones, hay…

Carácter de Sol y Cristián y su condición trágica

revisado contra el originalVer el original
  • Rechazo del análisis psicológico.
  • Cierto existencialismo.

Carácter de Sol y Cristián y su condición trágica.

INTRODUCCIÓN.

Si bien el final de Luciérnagas puede calificarse como trágico debido a la muerte de uno de los protagonistas (Cristián), esto no es así en el caso de Sol, que ha confirmado su supervivencia y su evolución de niña a próxima madre con un tono más esperanzado. Así, la filiación como tragedia de la novela de AM Matute no se relaciona con los 3 géneros que definían la literatura desde la antigüedad (comedia, tragedia, tragicomedia), relacionados con el final de sus argumentos). Más bien, ambos son personajes trágicos en otro sentido: el de la presencia de un hado o destino del que un personaje no puede escapar (en el caso de esta novela, la Guerra civil), que suele culminar en la tradición literaria con la muerte.

En este sentido, Sol parte de ser una niña de la burguesía barcelonesa que ignora el mundo más allá de los privilegios de su clase (vive en la zona alta de la ciudad, cronotopo geográfico-social; estudia interna en un colegio femenino y solo atisba desde lejos algunas situaciones de las clases bajas, como la existencia de niños pobres y la forma de alimentarse de unos obreros). Su curiosidad, debilidad es caracterizada en su etopeya (es comparada a menudo con el cristal, incluso en la transparencia de su mirada y sus ojos claros). Parece predestinada a repetir el modelo familiar cuando la GC (que había sido anunciada en los miedos de su abuela) corta su destino. El asesinato de su padre por parte de milicianos de la República rompe el cordón umbilical con sus privilegios y a partir de entonces no podrá disponer ni de su espacio doméstico y privacidad (pues su casa será usada para ubicar a milicianos como a la joven Cloti y a su familia). La nueva situación le lleva a mezclarse con gente y la geografía urbana desconocida para ella, pues el hambre le obliga a buscar racionamiento y a plantearse trabajar. En este trayecto vital, Sol debe enfrentarse a la miseria, a sus limitaciones de carácter y a que los demás quieran aprovecharse de ella, como es el caso de Ramón Boloix, antiguo profesor que quiere convertir una relación de trabajo en un abuso. Toda esta ruptura le hace modificar su concepción de la vida a un pesimismo existencial del que tan solo parece salir mediante el conocimiento del amor hacia Cristián. Su breve relación, basada en sentirse mutuamente como corefugio ante las consecuencias de la tragedia bélica, cristaliza en el embarazo de Sol, ya en su nuevo rol de mujer evolucionada, lo cual le impide, al final de la novela, el retorno al hogar familiar a representar un papel que ya no tiene.

En el caso de Cristián, la Guerra civil también es la culpable de la ruptura de sus aspiraciones vitales. Es el menos rebelde de sus hermanos, hasta el punto de esconderse de sus obligaciones de alistarse para la GC). Aunque había conocido previamente las penurias de pertenecer a una familia proletaria (no había podido estudiar Medicina a pesar de que su sacrificado padre le consiguiera una beca, y había conocido la cárcel como consecuencia de buscarse la vida). La muerte de toda su familia la noche de un bombardeo fascista se…

El destino de Cristián y la posición política de la autora

revisado contra el originalVer el original

…produce casi al unísono que su conocimiento con Sol. Su relación se desarrolla en un refugio aislado, la casa de su hermano Pablo, pero su brevedad le hace que vuelva a conocer la cárcel y aunque escapa de ser fusilado a muerte, un trágico destino parece perseguirle haciendo honor al origen simbólico de su nombre (Cristo-Cristián, curiosamente el primer amor infantil de Sol), pues sacrifica su vida en pro de la de Sol y la de su futuro hijo.

En consecuencia, Sol y Cristián representan el atisbo de esperanza (su luz, la de las luciérnagas en la noche) ante el presente destruido por la Guerra, aunque los traumas vitales derivados de esta no les dejan lugar para un futuro juntos. Su unión contra natura, pues ambos provenían de dos orígenes sociales antagónicos les había igualado ante su destino, pero ni siquiera ellos pueden huir de las consecuencias del desastre y por eso su futuro rompe al no poder entrar juntos en la Tierra prometida.

Posición política de la autora.

Posición ideológica de la autora:

A.M. Matute escribió, sobre Luciérnagas: "Los protagonistas son varios adolescentes que no saben por qué se están matando sus hermanos mayores y que no comprenden por qué tienen ellos que recibir las consecuencias. No es una novela política, sino que es humana (El País, 27.10.2012).

Así, hay que entender las luchas de Sol y Eduardo como su intento de salir adelante en un país destruido. Eduardo es un adolescente desclasado que aprovecha la Guerra para construirse un futuro que sea solo suyo, lejos del camino que le había diseñado su padre. Su rebeldía se concreta en su alianza con el grupo del Chano y los hermanos Barrero, pertenecientes al bajo proletariado o directamente a la marginalidad social. A Eduardo "no le importaban los motivos de la revolución, ni se sentía solidarizado, ideológicamente, con aquellos hombres" (p. 83). "Las revoluciones no se hacen por nada. No sé yo en esta quién tiene razón, ni me importa tampoco. Pero ya he dejado de sentirme su víctima. Prefiero considerarme una de sus consecuencias (p. 110). Su rebeldía contra su origen burgués, por tanto, no es política, sino personal, basada en la lucha contra un destino familiar predetinado para él.

Sol une su destino a Cristián contraviniendo su origen burgués, con la intención de salir adelante y construirse un futuro juntos, unidos por el amor. Las diferencias políticas o sociales entre ellos son borradas: "No tenemos ningún carnet, no pertenecemos a ningún partido ni sindicato (…) No dispararé un solo tiro. No conozco "míos" ni "tuyos" (p. 266). Sol también quiere huir del molde familiar, pues no desea seguir el estereotipo de mujer que ve en su madre (doméstica, retraída) pero es la Guerra quien le hace salir de su hogar, pues su rebeldía es pasiva.

Confrontación social, censura y Luciérnagas como bildungsroman

revisado contra el originalVer el original

La novela plantea que existe una confrontación social, no política, en la sociedad. No podía ser de otra forma en pleno franquismo. Además, la Censura vigilaba porque las obras publicadas no fuesen contra los principios del Movimiento nacional. Así, se plantea que existe una injusticia de los poseedores contra los desposeídos, y es con estos con quienes Eduardo y Sol parecen sintonizar, como unos burgueses con mala conciencia de clase. Las niñas pobres eran "otro mundo, otra raza" (p. 21), dice Sol cuando adquiere la certeza de su existencia.

Cristián y Sol, gracias al amor, superan esa barrera. Pero en la segunda y tercera versión del final de la novela el pesimismo, de influencia existencialista, impone un final trágico. El embarazo de Sol ("Dentro de ella, otro corazón, otros sueños (…) algo que sentía en su ser, misterioso y amado" (p. 307) no abre perspectivas esperanzadoras: "…en aquel hombre, que caía, rodando hacia la carretera, Sol sintió su propia vida, destruida" (p. 308).

Aunque no hay tesis política, la novela está escrita desde una cosmovisión franquista. Los "malos" son republicanos (Boloix, Pablo) que reciben su castigo. Pablo se arrepiente: "Me equivoqué. Nunca tuve razón" (p. 233). No aparece ningún republicano positivo (Cloti ha sido maltratada por la vida, y por eso llega a odiarla). Y la ocupación de Barcelona es presentada como una liberación.

Luciérnagas como novela de crecimiento (bildungsroman) y sus espacios (cronotopos).

Las respectivas familias de los protagonistas: semejanzas y diferencias, su significado social. El contexto histórico de la novela. El escenario urbano. Sentido del término "luciérnagas" aplicado a los protagonistas.

( A partir de la Introducción de Mª Luisa Sotelo a su edición de Ed. Cátedra).

CRONOTOPO
espacio de la ficción que configura la psicología o la evolución de los personajes.

Luciérnagas, ambientada en Barcelona y con una cronología muy precisa, comienzos del verano de 1935 al 26 de enero de 1939, refleja la transformación personal y existencial de la adolescente Sol y los demás protagonistas de la…

Luciérnagas como novela de formación: las tres partes del viaje iniciático

revisado contra el originalVer el original

…historia, su hermano Eduardo y los amigos de éste, Chano y los hermanos Daniel, Pablo y Cristián, a la vez que se describe con exactitud la metamorfosis del espacio urbano que habitan. Sol pertenece a una familia burguesa del ensanche barcelonés que, tras el asesinato de su padre al comienzo de la contienda bélica, ve como todo su mundo —hasta entonces perfecto y feliz— se fractura y se descompone ante esa sensación nueva de inseguridad y miedo que se adhiere a su vida.

Estructurada en tres partes, Luciérnagas pertenece al subgénero de novela de aprendizaje, es decir, se corresponde con el esquema iniciático propio de la novela de formación o bildungsroman: tres fases —partida, iniciación y regreso. Este género nace en la modernidad con el Lazarillo de Tormes (1534), aunque en el Romanticismo lo popularizó el Wilhem Meister, de Goethe (1795). En el siglo XX, Retrato del artista adolescente, de James Joyce (1911). Otras novelas de A.M Matute son novelas de formación como Primera memoria (1959).

En este sentido la partida corresponde a los seis primeros capítulos (pp. 11-138), presentación de la protagonista y del espacio que habita, así como el estallido de la guerra y el asesinato de su padre, son sucesivas pruebas que marcan también el inicio simultáneo de una transformación vital y espacial; la segunda parte, más extensa, formada por nueve capítulos (pp.141-272), corresponde al período de iniciación y honda transformación psicológica de la protagonista en un largo peregrinaje por la ciudad bajo la continua amenaza de las bombas; y la tercera, mucho más breve, los tres últimos capítulos (pp.275-312), con el regreso de Sol a su casa, tras un largo periplo urbano que la ha llevado a vivir situaciones límite, como el descubrimiento de los barrios bajos, la muerte de los amigos, un trágico bombardeo, el hambre, la lucha por la supervivencia y el paso por la cárcel, en definitiva, un cúmulo de experiencias vitales que la han cambiado profundamente.

En el transcurso de este proceso iniciático Sol ha realizado un viaje doble —metafórico, hacia sí misma, y real, por diferentes barrios de la ciudad—, y el resultado es una honda transformación, que podría sintetizarse entre estos dos hitos, el comienzo del viaje iniciático de la adolescente, que abandona feliz e ignorante del porvenir el pensionado de Saint-Paul, el último curso antes de la contienda bélica: «Así, con dieciséis años inquietos, ignorantes, y un extraño acordeón de libros mal atados —en el que parecía empaquetar toda su infancia—, ojeando pensativamente su cuaderno escolar, le sorprendió el estallido de la guerra» (37), y el final, la joven convertida en mujer, que regresa a su casa tras la experiencia traumática de la guerra pero fortalecida por el descubrimiento del amor y la ilusión del hijo que espera. La transformación se ha consumado, la diferencia entre la protagonista de la partida y la del regreso es evidente, ahora Sol Roda es plenamente consciente de que ya nada volverá a ser como antes, por ello ante las palabras de su madre que se aferra al pasado como tabla de naufrago:

Con un evidente sustrato autobiográfico Ana Mª Matute traza una visión de la ciudad de Barcelona sumida en el caos, el hambre y la miseria, teñida de sangre y venganzas. La ciudad, los diferentes escenarios urbanos, que son también escenarios de la memoria de la narradora, Pedralbes, el Ensanche, la calle Muntaner, la plaza Universidad, el barrio gótico, la Vía Layetana, la Barceloneta desembocando en el mar, las laderas del Tibidabo, sembradas de barracas de refugiados con la ciudad a sus pies, son junto a la reflexión sobre el paso…

La partida: el espacio doméstico expoliado y la irrupción del hambre

revisado contra el originalVer el original

…tiempo y la evocación de la infancia feliz, truncada por los sucesos bélicos, los verdaderos motivos temáticos que se imponen con extraordinaria fuerza poética a los ojos y la sensibilidad del lector.

1.-LA PARTIDA.

El confortable espacio doméstico, verdadero refugio de su familia y de María, se transforma radicalmente ante la necesidad de sobrevivir tras el asesinato del padre de Sol. A partir de este suceso crucial que trastorna la vida de la protagonista se inicia un doloroso proceso de maduración psicológica.

La protagonista tiene que adaptarse a la nueva situación, y el espacio se revelará decisivo en su personal toma de conciencia, pues la narradora evidenciará a través de la descripción de los continuos registros del domicilio familiar, la pérdida de intimidad y del status de privilegio de su clase social, que ahora es expoliada:

La ventana, como todas las de la casa, estaba abierta de par en par, en cumplimiento de una orden de la Comisaría de orden Público para impedir se disparase desde dentro.

El espacio familiar funciona, pues, como cronotopo, pues espacio y tiempo están fundidos en una continuidad indisoluble, como escenario de la progresiva destrucción tanto del espacio urbano como del doméstico y familiar:

Dos veces aún, después de aquella noche en que se llevaron a su padre, llegaron patrullas de hombres y registraron el piso. Irrumpían con violencia y golpeaban los muebles con la culata de los fusiles (44).

Este espacio familiar, poblado de objetos y recuerdos, va a ser borrado sin compasión por las patrullas de registro o simplemente la familia tendrá que deshacerse de los objetos de más valor para poder sobrevivir a la amenaza del hambre mientras contempla impotente cómo se instalan unas milicianas en su propia casa:

Su madre vendió lámparas de cristal y bronce. Los objetos de metal codiciado desaparecieron —entre registros y ventas, los cuadros y objetos de adorno desaparecieron—, el suelo rayado por los clavos de las botas y los bayonetazos de los milicianos, la desolación material, en fin, era aún soportable (53).

Y si todas estas pérdidas materiales son dolorosamente soportables no lo será el hambre, que se vuelve cada vez más acuciante y es el móvil fundamental en la transformación del espacio. Esa sensación hasta entonces desconocida para la familia acomodada de la protagonista, trae consigo otra transformación del espacio urbano con la presencia de las colas de racionamiento, que obligan a Sol a permanecer «largas horas en las calles para lograr un panecillo o un trozo de jabón, en lucha angustiosa, desmesurada para ir existiendo ».

Todas estas carencias agudizan el ingenio de Eduardo, el hermano de Sol, pues mientras ésta trabaja en la Academia de su antiguo profesor Ramón Boloix, él contempla «la ciudad con extraña avidez» y decide asociarse a una pandilla de…

Los nuevos espacios de Sol y la culminación iniciática

revisado contra el originalVer el original

…muchachos, Chano, un pillete, que vive de sus hurtos en una barraca en las laderas del Tibidabo y Daniel, que tiene dos hermanos mayores, Pablo, joven anarquista, y Cristián, opuesto a Pablo en ideas pero que siempre ha dependido de él. Una vez formado el grupo, Sol acompaña a su hermano en un peregrinaje urbano, que le permite descubrir otros barrios de la ciudad, hasta entonces totalmente ignorados—

La segunda experiencia decisiva será la visita también junto a su hermano Eduardo a las barracas-refugio en las afueras de la ciudad, donde éste se reúne con sus amigos de correrías y hurtos: «La llevó ciudad arriba, hacia el Tibidabo. En una de esas barracas guardaban el botín de sus correrías y vivía Chano, verdadero pilluelo sin familia y sin afectos. La simbiosis entre el espacio y este personaje es absoluta. El pobre muchacho vive en condiciones infrahumanas, como un animal, al margen de la ciudad, en un espacio miserable, construido por el mismo a base de detritus urbanos.

Y en ese desolado paisaje urbano surgen nuevos espacios que definen la nueva posición social y espiritual de Sol, como el comedor del auxilio social, resultado de la forzosa transformación de un antiguo restaurante: «El comedor al que acudía era un antiguo restaurante de la calle Muntaner. Las vidrieras y los espejos estaban materialmente cubiertos de carteles…» (129). Este nuevo espacio de supervivencia es un símbolo de la imparable transformación urbana que se ha operado en esta primera parte de la novela. De aquella ciudad soñada y construida por Sol con cuadernos en su pupitre escolar no queda ya nada. La ciudad se ha degradado bajo los constantes bombardeos. Ha enmudecido ante el forzoso desalojo de sus habitantes, que como topos se esconden ahora en los refugios subterráneos.

Además, en Luciérnagas, el movimiento de Sol por Barcelona refleja sus movimientos sociales de caída (pérdida del status económico burgués) y de imposible ascenso, pues aunque vuelva a la zona alta a final de la 2ª parte, esta estará destruida y no podrá volver a ser lugar de refugio.

2.-CULMINACIÓN INICIÁTICA.

En el proceso iniciático de Sol el descubrimiento de la vida mísera de los amigos de su hermano ha resultado decisivo. Cuando acude a casa de la familia Barrero, en la zona baja de Barcelona (al lado de la Vía Laietana), presencia la muerte de Daniel y el posterior bombardeo que destruye prácticamente la casa y la zona en la que vive junto a su padre. En esta segunda parte la visión de la ciudad de Barcelona, ya en plena guerra, es realmente apocalíptica, y coincide con la salida de Sol de su domicilio familiar y su encuentro decisivo con Cristián, con quien emprenderá un nuevo destino.

Esta destrucción de la humilde buhardilla en los alrededores de la vía Layetana por efecto de los continuos bombardeos es una experiencia traumática que Sol vive lejos de su hogar y que resulta determinante en que adquiera una actitud de rebeldía ante la injusticia social y la pobreza, que era mucho más evidente en determinadas zonas de la ciudad.

Otra constante en el tratamiento espacial de la novela es que, aunque se describen diversos espacios interiores, nunca se pierde la referencia al espacio exterior, urbano, de manera que la ciudad, no es sólo escenario sino protagonista del relato: «Desde las ventanas de la buhardilla se veía…

El ascenso a Sarrià, el sentido del título y el regreso

revisado contra el originalVer el original

…aglomeración gris y rojiza de las azoteas y el humo, la ropa tendida y los palomares» (168-9), una aparente normalidad que iba a ser repentinamente destruida por los bombardeos.

Y tras los continuos bombardeos, el desescombro que deja al descubierto retazos de vida, recuerdos que sobreviven como por milagro, como el cuadro que colgaba todavía de una pared semi destruida. A partir de este momento, con la destrucción total del espacio familiar de la buhardilla y el suicidio de Pablo, tras resultar gravemente herido en el bombardeo, Sol acompañada de Cristián —el único superviviente de los tres hermanos—, inicia el ascenso de nuevo hacia la parte alta de la ciudad, donde se refugiaran en una torre incautada a sus dueños por Pablo:

A medida que ascienden hacia Sarriá, Sol se siente mucho más identificada con aquella parte de la ciudad, que había sido el escenario de su infancia feliz antes de la guerra. Al contemplar la ciudad destruida y la miseria de las gentes, vuelven sobre ella con nitidez los recuerdos de la ciudad feliz de su infancia. Como en un fundido cinematográfico la mirada presente y la memoria del pasado se proyectan unidas:

A medida que ascendían Sol se familiarizaba con las calles y las anchas avenidas que le eran habituales, con sus árboles mutilados para hacer leña. No tardarían mucho en bajar de la montaña grupos de gente con brazadas de rama. El Tibidabo, alto y gris, recortaba su joroba grande, oscura, en la mañana. No parecía la misma montaña que viera de niña, desde los balcones de su casa […]

En este momento decisivo de la trama argumental cobra verdadero sentido el metafórico título y leiv-motif de la novela, Luciérnagas. Sol y Cristián son como dos «luciérnagas, barcos errantes en la noche» (252), que caminan unidos por el sufrimiento y la experiencia de la guerra como «criaturas errantes, dando tumbos, chocando contra los muros, la cabeza encendida, luciérnagas» (261).

3.-EL REGRESO.

La tercera parte, el regreso de Sol a su casa se produce después convivir con Cristián durante algún tiempo en la torre de Sarria, donde serán detenidos y llevados a la cárcel Modelo en la calle Entenza. Después de varios días en la cárcel Sol recupera la libertad y deambula por la ciudad en busca del mar en un nuevo intento por recuperar el espacio urbano de su infancia:

Miró turbadamente en derredor y reconoció la Vía Layetana. «Allá abajo está el mar», y un deseo de ir hacia él la llenó, vivificándola, como si la vista del mar de su infancia, de un tiempo lejano, fuese a devolverle aquella niña que no murió ni estaba en ninguna parte. Como en sueños. (…) Sin saber cómo se encontró en la Barceloneta, entre paredes sucias o arruinadas, mujerucas trasegando extraños bultos, chiquillos que hurgaban en los escombros buscando tesoros inexistentes y luego, por fin el mar (275).

El cambio de la ciudad refleja por tanto el crecimiento de Sol a través de la experiencia de la pérdida y la tragedia. La protagonista se siente ya inevitablemente ligada a aquellos espacios para siempre. Una ciudad extenuada,…

La visión final de la ciudad sometida

revisado contra el originalVer el original

…moribunda como muchos de sus habitantes cedía finalmente ante el cerco de los continuos bombardeos. Sol, mientras asciende hacia calles que le resultan mucho más familiares, percibe esa mezcla de miedo y esperanza, que late en el ambiente urbano como expresión de las diferentes expectativas de los dos bandos contendientes:

Sol se alejó, con paso lento. Sus pies la conducían ciudad arriba, ciudad arriba, y buscarían, aunque ella no lo hubiese querido, sus calles familiares, sus árboles, su infancia. En algunas plazas se amontonaban papeles, libros, oficios medio quemados….. Una gran náusea la sacudió, desde lo más profundo de su ser, como si partiese del centro mismo de su vida. (278-279).

Y ya sólo queda la visión final de la ciudad sometida, silenciosa, vencida y casi desierta, que parece. Sol en una última imagen contempla el espolio de lo poco que ha resistido a la destrucción sistemática de los insistentes bombardeos:

En la calle Muntaner vio un grupo que avanzaba arrastrando sacos y cajones […] Cerca de la Plaza de Adriano, en lo que antes fue un garaje, convertido ahora en almacén una turba violenta y silenciosa se apiñaba, saqueándolo. Los aviones volaban cada vez más bajos […] En las calles grises, abandonadas bajo el débil sol de invierno, los golpes tenían un eco blando y la brutalidad parecía atenuada por el silencio. El día, apenas dorado, se extinguía en la noche que se acercaba, un viento suave….Sol vio un grupo de chiquillos descalzos, astrosos y renegridos, provistos de largos ganchos. Todo era un destripar escombros, un febril hurgar entre la podredumbre y la miseria, en busca de lo que fuese (296).

Guía de Luciérnagas: Ana María Matute, biografía y obra

revisado contra el originalVer el original

LUCIÉRNAGAS

de Ana María Matute

1.Ana María Matute (Barcelona, 1925)

Fascinada desde siempre por los cuentos, empezó a crear ella misma y, con cinco años, escribió el primero de ellos. El mundo de la fantasía fue su refugio ante la severidad de los adultos, la enfermedad… Fue a causa de esta última que Matute tuvo la oportunidad de pasar más tiempo del que estaba previsto en contacto con la naturaleza, en una finca de sus abuelos maternos; nunca abandonará ya Ana María su amor por el bosque ("En el bosque" es el título de su discurso de entrada a la Real Academia).

Con once años, Ana María conoció la violencia, el odio, la muerte, la angustia, la extrema pobreza, que dejaron honda huella tanto en su persona como en su obra. Matute pertenece a la generación llamada de "los niños de la guerra" (ella la califica de "niños asombrados"), de la que también forman parte Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite o, entre otros, los hermanos Goytisolo. En novelas suyas como Los Abel (1948), Fiesta al noroeste (1953), Pequeño teatro (1954), Los hijos muertos (1958) o Los soldados lloran de noche (1964) queda patente esta mirada "asombrada" del protagonista infantil o adolescente, que ve y, muy a pesar suyo, tiene que entender los sinsentidos que le rodean.

«Entre las miserias de los adultos, los niños que no las entienden son breves luciérnagas que brillan quedamente en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos.»

Ana María Matute escribió su primera novela, Pequeño teatro, a los diecisiete años, aunque no fue publicada hasta doce años más tarde. En 1949, Luciérnagas queda finalista del Premio Nadal (que ganó Delibes, con La sombra del ciprés es alargada), pero la censura impide la publicación de la obra. Hubo que "revisarla" y, en 1955, apareció con el título de En esta tierra; el texto íntegro vio la luz, finalmente, en 1993.

En 1952, Matute se casó con el escritor Ramón Eugenio de Goicoechea, con el cual tuvo a Juan Pablo, al que dedicó buena parte de sus obras infantiles. Tras separarse de su marido, en 1963, Ana María vivió la durísima experiencia de perder el derecho legal a ver a su hijo.

Propuesta para el Premio Nobel de Literatura en 1976, después de un largo silencio narrativo, en 1984, obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil con Solo un pie descalzo. En 1996 publicó Olvidado Rey Gudú y fue elegida académica de la Real Academia Española de la Lengua, donde ocupa el asiento K y es la tercera mujer aceptada dentro de esta institución.

Con sus obras traducidas a 23 idiomas, en 2007 recibió el Premio Nacional de las Letras Españolas al conjunto de su labor literaria. El Premio Cervantes le llega en 2010.

Retrato de Ana María Matute con el Premio Cervantes
Retrato de Ana María Matute con el Premio Cervantes
Cuento manuscrito «El duende y el niño»
Cuento manuscrito «El duende y el niño»

Guía de Luciérnagas: bibliografía, universo temático y estilo de Matute

revisado contra el originalVer el original

[Selección de su] bibliografía

  • […] infancia [(1948)] · [Luciérnagas] (1949) - no publicada · […] (1954) · […] (1955) · […] (1958) · […] mercaderes
  • Primera memoria (1959) · Los soldados lloran de noche (1964) · La trampa (1968)
  • […] (1993) · […] (1996) · […] (2000) · […] (2008) · […] (1961)
  • Historias de Artámila (1961) · El polizón del Ulises (1964) · Solo un pie descalzo (1983) · El verdadero final de la Bella Durmiente (1995)
Portada de Olvidado Rey Gudú
Ana María Matute, Olvidado Rey Gudú Reproducción en blanco y negro de la portada de la novela Olvidado Rey Gudú, de Ana María Matute, con una ilustración de un dragón o criatura fantástica ocupando la mayor parte de la cubierta.

[Ana María Matute ha dicho en más de una] ocasión que su vida es y ha sido una vida de papel: ella ha […] literatura. Pero hay, en los primeros años de vida, tres […] el nacimiento dentro de una familia acomodada sometida a […] de las que escapó en cuanto pudo, su estancia en Mansilla […] descubrió otra forma de vida y aprendió a amar la […] de una manera u otra en su obra.

[…] Matute, que concibe la literatura como una forma de […] una tejedora de historias en las que la magia de la vida […] dades bien lejos de lo "políticamente correcto", de la […] la de modas, niega rotundamente que la suya sea una […] fantástica.

[Con s]us libros Ana María Matute ha creado un universo, […] los temas y refleja la condición humana en su […] variedad: el que relata la niña asombrada que mira […] adultos sin atinar a comprenderlos; el de los […] solitarios. Pobres, enfermos, personajes habitados […] rencor, resentidos, mezquinos, crueles (como los […] "El amigo" y de otros muchos cuentos), y también […] deliciosos (como el dickensiano maestro de […] desolados (el protagonista de «El maestro»).

[Pero, sobre todo, el de los niños y adolescentes, náufragos de vidas familiares] desgarradas o rotas. Muchos son huérfanos, o tienen unos padres (especialmente unas madres) que no los quieren. En el universo de Matute no hay madres, los personajes se enfrentan solos al mundo, y para que se sienta más claramente esa desolación, ese desamparo, Ana María les arrebata a esas madres, que representan el cobijo, el refugio cariñoso y protector que necesita un niño.

En su obra hay siempre una mirada crítica, un toque de atención, una empatía hacia los perdedores y los débiles, una rebeldía genuina y una tensión entre lo inventado —sus tramas y personajes— y lo reinventado, ese mundo deforme, injusto y cainista que da entidad a la invención.

El cainismo, el enfrentamiento entre hermanos, el bien y el mal, es remedo de la guerra civil española, siempre presente, de una manera u otra, en su obra. Como lo está el mundo de la posguerra: un mundo hermético, en el que no pasaba nada, el mundo de la mediocridad, la pobreza y la mezquindad; un mundo encerrado en sí mismo, ciego ante lo que ocurría más allá de sí. Un mundo del que surge otra de sus constantes: la arbitrariedad del poderoso, la crueldad del fuerte hacia el débil, el egoísmo, la ausente presencia de las gentes sin voz, marginadas, desposeídas (como las de los relatos de Historias de la Artámila).

A Ana María le ha preocupado siempre la incomunicación; ese muro que surge entre los seres humanos, que no logra romperse jamás, y conduce a la soledad y a la incomprensión. Las cosas no dichas que son como heridas que no pueden supurar y se pudren dentro del organismo y acaban en la muerte.

Y, sobre todo, la infancia y la adolescencia. La infancia como un paraíso del que se es arrojado bruscamente, irrecuperable; y la adolescencia, la tierra de nadie, donde no se es ni niño ni adulto, y se va a la deriva como náufragos de la vida. Además tiene el don de saber escudriñar en el interior de los niños, de ver lo que otros no son capaces de ver (como Ivo, que mira a través de una rendija y descubre un maravilloso árbol de oro donde los demás no son capaces de ver nada). La infancia es el universo donde Ana María se mueve con maestría, los niños son los protagonistas, e incluso cuando lo son los adultos, muchos de ellos llevan sobre sí el peso de la infancia. (Ella, que siempre afirma que el adulto es lo que queda del niño, se lo hace decir a Adri en Paraíso inhabitado: «La infancia es más larga que la vida»).

En esto Matute es también singular: la infancia como tema no es muy frecuente en la literatura española, al contrario que en otras literaturas, como la inglesa. El abordarla le ha supuesto a Ana María la etiqueta de escritora para niños. Pero, salvando que realmente tiene algunos libros para niños (los que escribió cuando su hijo era pequeño), Matute no escribe para niños, escribe sobre niños.

Decía Quiroga que: «El cuento era, para el fin que le es intrínseco, una flecha que, cuidadosamente apuntada, parte del arco para ir a dar directamente en el blanco». Y en el centro de la diana [da] Matute con cada uno de estos relatos. En los que además saboreamos un estilo evocador y senc[illo]. Matute tiene la maestría de hacer fácil lo difícil. Y nos hace creer que realmente es fácil cu[ando] conseguir ese poder de evocación y concisión es lo más difícil que hay en la escritura. Corrige m[ucho], pule los libros casi en demasía con el prurito del trabajo bien hecho, aspirando a que no se n[ote el] esfuerzo, que parezca que todo ha surgido así de sencillo, que el resultado es algo espontáne[o y] natural, escribir claro para que te entienda la gente.

Ana María escribe con todos los sentidos. Su estilo es muy sensorial; abundan las sen[saciones] visuales, olfativas, auditivas, plásticas. Se recrea en ellas, las vive y nos hace vivirlas; cu[ando un] personaje se tumba en la hierba, el lector puede experimentar la sensación de que puede tocar[la,] puede sentir el olor de la hierba mojada del verano. A veces se recrea en hechos pequeños cot[idianos y] luego, cosas trascendentales (como la muerte de un personaje) las resuelve en dos palabras. […] Con esa manera tan suya de darnos un mazazo. Cuando se leen sus cuentos (o pasajes de sus [novelas] puede uno relajarse porque antes o después te van a sacudir con un mazazo. Porque, com[o en la vida,] realmente las cosas se acaban así. La gente que quieres de pronto desaparece, sin más, sin […]

Guía de Luciérnagas: «En el bosque», declaraciones y análisis de la novela

revisado contra el originalVer el original

[…] cada vez que leemos a releemos una de sus obras, descubrimos algo nuevo. Siempre hay un per[sonaje], un pasaje que nos introduce en un universo al que no habíamos accedido antes. El dolor, la pasión, la alegría, todos los sentimientos están a flor de piel en cada una de sus obras. Su literatura es tan vital como lo es ella misma, esa mujer que se ríe de su sombra y se bebe la vida a borbotones. Pero que no entiende la realidad que la rodea, que no sabe desenvolverse en ella porque, en buena medida, no le interesa. Le interesa su mundo, el que fabrica a través de la imaginación. Y en él vive, a pesar de que es un mundo que ni ella misma acaba de conocer. […]

[…] me lo inventé. No te puedes imaginar en Estados [Unidos, las preguntas ridículas] que son, cómo me preguntaban y me lo hacían [deletrear:] «¿Blanco?, pero usted dice en su obra que es rojo». […] blancas y rojas». Cuando estaba escribiendo si […] y no me acordaba de ninguna, me imaginaba las mías […] nombres de flores de verdad, venga». A mí escribir sin […] un nombre: «Un arzadú, venga». La literatura es la literatura, y […] una pérdida de tiempo. La literatura es la literatura. Porque mi vida la he […] me gusta, literaturizar las cosas. Porque mi vida la he […] amores, mis odios, mis episodios, mis dolores, mis […] he convertido en literatura. Está muy bien la […]

Logotipo del aula Arzadú
Arzadú · Aulario de Educación Infantil Reproducción del logotipo de un aula escolar: una flor estilizada dibujada a trazos sobre fondo claro, con el rótulo «Arzadú» en letra manuscrita y, debajo, «Aulario de Educación Infantil», junto al escudo del «Colegio Ana María Matute».

"En el bosque" (discurso de ingreso a la RAE, 18 de enero de 1998):

  • la guerra: el inmenso dolor que sentimos cuando el fanatismo y la barbarie azotan el mundo, cuando la injusticia y el horror dejan de ser imágenes o recuerdos borrosos, y se convierten en algo palpable, se nos imponen como una presencia ineludible y dejan en nosotros una huella dolorosa.
  • Porque el bosque era el lugar al que me gustaba escapar en mi niñez y durante mi adolescencia; aquel era mi lugar. Allí aprendí que la oscuridad brilla, más aun, resplandece; que los vuelos de los pájaros escriben en el aire antiquísimas palabras, de donde han brotado todos los libros del mundo; que existen rumores y sonidos totalmente desconocidos por los humanos, que existe el canto del bosque entero, donde residen infinidad de historias que jamás se han escrito y acaso nunca se escribirán. Todas esas voces, esas palabras, sin oírse se conocen, en el balanceo de las altas ramas, en la profundidad de las raíces que buscan el corazón del mundo.
  • la poesía es la esencia misma de la literatura.
  • [en el] realismo a veces se olvida que la fantasía forma parte de esa realidad
  • [recuerdo] una y otra vez aquel día en que creí que podría oírse crecer la hierba, [más] brillante que el sol.
  • [la literatura no es una profe]sión, ni una vocación siquiera, sino una forma de ser y de estar, un largo [camino que no termina] nunca, como un complicado trabajo de alquimia o la íntima y secreta [manera de entender el mundo que t]e rodea.

  • Ser escritor es una puerta que se abre, una barrera que se franquea, un mundo al que se tiene acceso; algo parecido a lo que le ocurrió a Alicia ese día en que, tras cambiar algunas reflexiones con su gato (y tal vez con sus sueños), se encaramó al espejo de la chimenea y, suavemente, pasó al otro lado. No se tiene noticia de que leyera antes instrucciones ni folletos explicativos al respecto. Poco más o menos todos los escritores empezamos a escribir ese día en que, por primera vez, la vida nos conduce a atravesar esa rara y translúcida barrera.
  • La literatura es sobre todo, la expresión más maravillosa que yo conozco del deseo de una posibilidad mejor. Para mí, escribir es la búsqueda de esa posibilidad.
  • Porque todos y cada uno de nosotros llevamos dentro una palabra, una palabra extraordinaria que todavía no hemos logrado pronunciar. Escribir es para mí la persecución de esa palabra mágica, de la palabra que nos ayude a alcanzar la plenitud.

4.Luciérnagas

Luciérnagas, en palabras de Dámaso Santos, "quizá la novela más emocionalmente [intensa que se] ha escrito de nuestra guerra civil", se centra en uno de los temas preferidos de Matut[e:] la inocencia y la irrupción de los adolescentes en un mundo de adultos amenazado po[r situaciones] extremas, como es el caso de la Guerra Civil. Los temas secundarios (el amor, la soledad, [la muerte, el] horror de la guerra…) se desprenden, dolorosa e inevitablemente, de este principal.

Tiempo y espacio: Narración lineal, que abarca toda la Guerra Civil, se desarro[lla en] una Barcelona que, sin embargo, tiende a perder sus rasgos reales y equivale a vec[es al bosque en la] narración fantástica folclórica, en una novela que mantiene un difícil equilibrio ent[re lo histórico y lo] simbólico.

Sobre el eje cronológico principal hay un juego de retrospecciones que sirv[en para construir los] antecedentes de los personajes y para producir la ilusión de la narración simultáne[a].

Personajes: Narración de protagonismo conflictivo. Los personajes [son, en su mayoría,] adolescentes. Sol, la joven que abre y cierra la novela, ocupa un lugar de[stacado. Eduardo, Cloti, los hermanos Borrero…] puntualmente asumen un papel protagonista […] sin embargo, a regresar a Sol (Soledad, nombre parlante que formula uno de lo[s temas principales de la] novela.).

Efectivamente, los pe[rsonajes son "mónadas"] (símbolo de las luciérnagas, de [las] que puntualmente se comunic[an con el mundo exterior]. Cada uno de ellos es el sujeto [de una búsqueda, una quête, que tiene] sus raíces en el cuento.

El personaje tiende [a ser ambivalente desde el] punto de vista moral. [Personajes] ambivalentes y siniestros, [Boloix y Pablo, ambos] detentan momentáneament[e el] tesoro.

Son interesantes los contrapuntos que observamos e[n los ministros:] Roda/Borrero, Sol/Cloti y Pablo/Cristián. Asimismo, es de notar el val[or de los personajes dobles: Chano, Daniel] y Eduardo. Pablo, Cristián y Daniel. Interesantísimas se nos presenta[n las variaciones sobre el amor y la maternidad] que encarnan los personajes femeninos: Mar[ía, Elena,] la madre de los Borrero o Sol.

Retrato de Ana María Matute joven
Ana María Matute Fotografía en blanco y negro de Ana María Matute de joven, en primer plano, con el pelo oscuro recogido y la mirada dirigida a la cámara, sobre fondo neutro.

Guía de Luciérnagas: punto de vista, estilo y dedicatoria de la autora

revisado contra el originalVer el original

Punto de vista: narrador omnisciente que tiende a focalizar con el personaje, yendo de uno a otro, no en cronología rigurosa.

Estilo: Prosa poética que busca un ritmo solemne, casi de plegaria: juega con el símbolo, la aliteración, las sinestesias, las metáforas, los paralelismos, las enumeraciones…

Dedicatoria manuscrita de Ana María Matute
Dedicatoria autógrafa de la autora Recorte pegado en la guía con una dedicatoria manuscrita a bolígrafo: «Para ti, lector, lectora, con todo cariño», y debajo la firma autógrafa de Ana María Matute subrayada con un trazo horizontal.

Guía de lectura PAU 2013: la mirada de Matute sobre la guerra y los personajes

revisado contra el originalVer el original

…de un país a asesinar a sus vecinos, porque en lo que realmente incide la autora es en el dolor y alienación que la violencia brutal provoca en quienes la viven, directa o indirectamente. La describe con un realismo tajante, pero también con la suficiente dosis de distanciamiento para no identificarse del todo con el conflicto; describe la injusticia social, origen del mal y de la violencia, con una determinación radical. Esta novela, por lo mismo, parece la clave para encontrar la explicación a otros muchos libros suyos, no sólo los realistas, sino también los fantásticos o infantiles. Descarnada por su fiereza, sutil y tierna por el cuidado tratamiento de los pensamientos de los protagonistas, es una novela desconsolada y pesimista, pero bella y real, sin el fondo de vengan[za]

Matute se zambulle en la miseria física y espiritual de una sociedad que acaba derramando todo ese dolor acumulado durante años en un odio ciego al otro, al objeto de la envidia, al contrincante o al vecino incómodo. Vuelve al escenario de su niñez, a su ciudad natal, asolada por los bombardeos, los asaltos y la destrucción. La protagonista de Luciérnagas es Soledad, una niña, no casualmente llamada Soledad, de familia acomodada cuyo padre es perseguido por el gobierno republicano; una niña oscura y melancólica, inadaptada en un mundo de apariencias y gestos que le resultan incomprensibles y ajenos. Ese mundo se derrumba con la llegada de la Guerra Civil, un conflicto que, tal y como es tratado en la novela, podría ser cualquiera, atemporal e impreciso. La guerra para Ana María Matute es un paisaje, un escenario trágico en el que se ven obligados a desarrollar sus vidas Sol y su hermano Eduardo, pero no la protagonista. Los otros protagonistas de la historia son adolescentes, drásticamente arrojados a la vida adulta por el estallido de la guerra civil; el hermano de Soledad, Eduardo, quien, mientras Sol vive por inercia, introvertida y seria, trata de salir adelante, de enfrentarse al vacío espiritual que le atenaza, con objetivos pragmáticos y a corto plazo, como única alternativa tangible de sentirse vivo cuando todo lo demás, amigos, familia, convencionalismos, estructuras y costumbres, se muere y esfuma a marchas forzadas; luego, una serie de niños, ladronzuelos y buscavidas, con su vida desbaratada por la guerra, que hacen lo posible para sobrevivir en una Barcelona acosada y bombardeada. Lentamente, la autora desgrana el drama personal de cada uno de los protagonistas, con sus emociones, sufrimientos y frustraciones.

Son años difíciles para la familia de Sol, aunque le parece que su soledad se puede compartir; por más que la guerra destruya su mundo, es posible resistir si se cuenta con el apoyo o la complicidad de otras personas, solas como ella. De alguna manera, es un canto a la amistad, al amor, a la fraternidad, ideales de la adolescencia, en contraposición a la familia, que simboliza la infancia. Por encima de su condición social, por las Ramblas deambulan unos adolescentes desconcertados de toda laya: una muchacha de la burguesía catalana y unos obreros que militan en las Juventudes Socialistas. El hecho de tener que compartir la vivienda con otros refugiados y la dura experiencia del hambre propician entre ellos una especial camaradería, e incluso una afectiva relación sentimental.

Matute, al margen del contexto histórico concreto, considera la adolescencia como un proceso trágico y triste, probablemente porque es el abandono definitivo de la infancia, que para muchos, incluida la autora, es la razón de existir. Por eso la obra es terriblemente triste, y no puede acabar sino en desgracia. Nos encontramos a la Matute hiperrealista, tremendista, o simplemente real (estamos hablando de unos niños durante la guerra civil española), propia de sus primeras novelas, como Los soldados lloran de noche. Y con una amargura y tristeza que abarca el libro de principio a fin. El mundo, según Matute, no tiene solución, y no se siente orgullosa de pertenecer a la especie humana. Entre las miserias de los adultos, estos niños, que no las entienden, son breves luciérnagas que brillan quedamente en la noche, son la única esperanza que queda, porque se tienen a sí mismos. Están unidos por el sutil hilo plateado de la adolescencia, por la incomprensión compartida, por el mismo apesadumbrado sentir, embutidos en los trajes adultos del mundo cruel y asesino que sus padres les han creado.

Guía PAU 2013: portada, realismo y el resumen de estructura y personajes

revisado contra el originalVer el original

Guía de lectura de Luciérnagas, de Ana María Matute. Literatura castellana PAU 2013

Ana María Matute

Por edad (nacida en 1926), Ana María Matute pertenece a la generación llamada de "los niños de la guerra" (ella la califica de "niños asombrados"), de la que también forman parte Rafael Sánchez Ferlosio, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite o, entre otros, los hermanos Goytisolo. Sorprende, sin embargo, la precocidad de la autora a la hora de escribir y publicar. A los 17 años escribió Pequeño Teatro, que publicaría años más tarde, en 1954. Su primera obra editada fue Los Abel (1948), finalista del Premio Nadal el mismo año que Miguel Delibes lo obtuvo con La sombra del ciprés es alargada. En 1953 publica Fiesta del noroeste y en 1956 En esta tierra, novela que aparece censurada y que muchos años después, en 1994, volvió a publicar corregida con el título de Luciérnagas. De 1958 es otra de sus obras más conocidas, Los hijos muertos. En la década de los 60 publica la trilogía Los mercaderes, que inaugura con Primera memoria (1961), uno de sus textos más conocidos y conseguidos y que resume muchas obsesiones literarias de la autora; de 1964 es Los soldados lloran de noche y de 1969 aparece La trampa. Las tres novelas tienen como telón de fondo las huellas de la Guerra Civil y las cicatrices que se manifestaron en una sociedad desquiciada, amortiguada crítica social y esa sensación de desamparo y pérdida tan presente en su literatura, también en sus escritos autobiográficos donde revive su infancia: El camino (1961) y El río (1963).

Realismo

En aquellos años, la literatura de Ana María Matute iba por libre en el panorama literario español. Sorprende su capacidad fabuladora, inusual entonces, aunque la materia prima de sus narraciones es una realidad que intenta abordar con tonos idealistas. La dura experiencia de la Guerra Civil y algunos dramas familiares, el contexto sociopolítico… agudizan su v[isión de] la naturaleza humana, presente en toda su narrativa. Así lo ha recon[ocido en una] rueda de prensa celebrada tras conocerse el fallo del Premio Ce[rvantes:] "Desde mi primer cuento, siempre he tratado de comunicar la misma sensació[n de] pérdida, porque vivir siempre es perder cosas. Soy una mujer […]".

[Se ha hablado] de "existencialismo tremendista", poco tiene que ver con el que […] realismo que frecuenta en sus primeros libros, que Santos Sanz V[illanueva llama realismo] de los cincuenta y sesenta un grupo de autores, contemporán[eos suyos, que] añadió a su realismo ni el toque objetivista (realismo aparen[te] propósito testimonial (político) de buena parte de sus compañe[ros. Sin embargo,] algunos casos derivó hacia el realismo social. Sin embargo, [Matute] escribe durante la década del 60 sí aparece de manera [distinta un tono] traumático, especialmente amargo en su caso cuando abord[a…] uno de los temas con los que Matute ha conseguido sus mej[ores logros].


[…] se ve obligada a madurar, a abandonar su caparazón de niña durante la […] que se ve en medio de esta tragedia cuando conoce un amor, intenso y denso, que se enfrenta a la vida en medio de la muerte más absoluta. Porque la búsqueda de la vida en un mundo en el que es eso precisamente lo que falta, es el amor, en un mundo al que aspira Sol, sin mentarlo, no es de la novela. El amor al que aspira Sol, sin mentarlo, no es amor romántico. Con un hermano ensimismado e impasible, y una protagonista débil, la protagonista hace honor a su nombre y vaga por su propia […] sin entender bien cuál es la pasión que lleva a sus semejantes a […] y vivir como si cada instante fuera único. Es en el momento en el que Soledad comprende qué es la […] inesperado e implacable, incluso en medio del dolor más […] se la ama y se le teme y por qué razón, […] la pena vivirla y saborearla.

[Es una no]vela, apuntando, como en todas las grandes novelas, por un lado al [drama y] por otro a la lírica elegía, como lo es Luciérnagas, quizá la novela [más emocionalme]nte intensa que se ha escrito de nuestra guerra civil. Romance de [desencuentro y] encuentro y desencuentro, convivencia impuesta a palo seco de [dos mundos, dos] culturas o inculturas —ricos y pobres—, con rotura abrupta de un [final que llega en] el justo momento de la liberación para unos, la derrota y el exilio [para otros]. (Dámaso Santos)

[Estructura, personaj]es, lenguaje, temas.

[Novela construida] como selva de historias que confluyen en un espacio abierto e [indeterminado: la Barcel]ona de la Guerra Civil. Barcelona tiende a perder sus rasgos [reales y equivale] a veces al bosque en la narración fantástica folclórica. La novela [mantiene un difícil] equilibrio entre lo histórico y lo simbólico.

[Narración lineal, que a]barca toda la Guerra Civil. La guerra estalla al final del capítulo I [y la novela acaba en e]l último, con la entrada de las tropas de Yagüe en Barcelona.

[Sobre el eje cronológi]co principal hay un juego de retrospecciones heterodiegéticas y [homodiegéticas qu]e sirven respectivamente para construir los antecedentes del [personaje y para pro]ducir la ilusión de la narración simultánea.

[Narración de protago]nismo conflictivo. Los personajes son, en su mayoría, [adolescente]s. Sol, la joven que abre y cierra la novela, ocupa un lugar destacado. [Eduardo, Cloti, los hermanos Borrero… puntu]almente asumen un papel protagonista […] [la narración tiende, sin embargo, a regresar a Sol (Soledad,] nombre parlante que formula uno de los temas principales de la novela.

[Efectivamente, los personajes son "mónadas" (símbolo de las luciérnagas, de las] que puntualmente se comunican con el mundo exterior. Cada [uno de ellos es el suj]eto de una búsqueda, una quête, que tiene sus raíces en el [cuento].

[El personaje tiende a s]er ambivalente desde el punto de vista moral. Personajes [ambivalentes y siniest]ros: Boloix y Pablo, ambos detentan momentáneamente el [tesoro].

[Contrapuntos y] dobles: Roda/Borrero; Sol/Cloti; Pablo/Cristián. [Personajes dobles: C]hano, Daniel y Eduardo. Pablo, Cristián y Daniel. [Interesantísimas las v]ariaciones sobre el amor y la maternidad: María, Elena, la [madre de los Borrero, Sol].

[Punto de vista: narrador] omnisciente que tiende a focalizar con el personaje. [Estilo: prosa poética s]obre la escena. […] tiene una clara voluntad de estilo. Prosa poética que [busca un ritmo solemne,] casi de plegaria: juega con el símbolo, la aliteración, los [paralelismos, las enumer]aciones.

Guía PAU 2013: la fábula, los libros de relatos y Luciérnagas

revisado contra el originalVer el original

La fábula

Como también sucedió a los otros miembros de su generación, la década de los setenta y la posterior evolución de la vida política, social y literaria española provocó en todos ellos una profunda crisis estética, que resolvieron de diferentes maneras. En el caso de Ana María Matute, a partir de 1971, año en que publica La torre vigía, aparca las inquietudes vagamente sociales y realistas y decide dar rienda suelta, de manera más abierta y decidida, a su capacidad fabuladora, presente desde sus primeros títulos pero adormecida por el ambiente literario reinante, que rechazaba como escapistas los relatos de corte fantástico. La torre vigía supone, pues, un momento de ruptura que tendrá su consagración en 1996 con la publicación de Olvidado Rey Gudú, tras más de veinte años de sequía que coinciden con una aguda depresión de la autora. También aquí, en este tipo de literatura más idealista, aparece su visión nihilista de la existencia. Como escribe Santos Sanz Villanueva en La novela española durante el franquismo, "este heterogéneo soporte anecdótico sirve para presentar una parábola de nuestro mundo de donde sale una destructiva visión de la vida con un tono radicalmente negativo, al cual nunca hasta ahora había llegado tan en extremo la autora en su pesimista literatura".

Los libros de relatos

Parecidos rasgos estilísticos y temáticos, también dentro de la corriente fantástica, aparecen en Aranmanoth (2000), otra novela de gran calidad literaria donde se repite la poderosa capacidad fabuladora de la autora. Su última novela publicada es Paraíso inhabitado (2008), novela que combina lo melodramático y fantástico con la narración realista en un regreso al tema de la niñez, en esta ocasión con una fórmula un tanto gastada. Poco antes de recibir el premio Cervantes se ha publicado La puerta de la luna (Destino), volumen que recoge todos los libros de relatos escritos por la autora —entre otros, Los niños tontos (1956) y Algunos muchachos (1968)— y que han ido, en su estilo e inquietudes, paralelos a su producción novelística. Por su calidad y dominio de la técnica, ocupan un destacado lugar en su obra literaria. A diferencia de otros escritores, no hay en sus relatos una rebaja estética ni la consideración del relato como un género menor. En 2000 publicó Todos mis cuentos, donde están todos los relatos escritos para niños, género en el que la autora barcelonesa ha conseguido también un excelente nivel.

Luciérnagas

Es una de las primeras novelas de Ana María Matute y fue finalista del premio Nadal en 1947, también premio de la crítica, pero no se publicó la versión autorizada hasta 1955 bajo el título Ésta es mi tierra; la versión original se publica en 1993, revisada por la autora. Para poder ser publicada sufrió drásticos recortes por la censura; pero, a pesar del celo franquista a la hora de expurgar la novela, lo cierto es que la obra no cae en la condena explícita de ningún bando concreto de la guerra. No carga las tintas contra republicanos o nacionales, ni siquiera los menciona directamente ni hace disquisiciones políticas acerca de lo sucedido. Ana María Matute afirma una y otra vez que ella se quedó en los doce años. Son los años que tiene Sol en este libro, los años que tenía cuando pasó la guerra civil por su vida. También como a Sol, no le interesa entrar en debates estériles sobre las supuestas razones que llevaron a los ciudada[nos]…

Las tres ediciones de Luciérnagas

revisado contra el originalVer el original

Nota sobre las ediciones de la novela

Página prácticamente en blanco con tres líneas escritas a mano, en rojo:

  • 1ª edición sin publicar, 1949
  • 2ª edición → 1955
  • 3ª edición actual → 1993
Ana María Matute · Luciérnagas · Castellà · Aula 27